Ya han pasado cuatro días sin verte y ya no recuerdo muy bien tu cara; aunque perfectamente recuerdo esa sonrisa que podía hacerme reír en cualquier momento. Aunque no ha pasado tanto desde que no oigo tu voz, debo admitir que cuando la busco en mi mente demora en aparecer…Será que mi cabeza quiere jugar sucio y desesperarme porque sólo puedo formar trazos con la gastada imagen de tu recuerdo, que he visitado ya incontables veces en mi memoria. Y esto de saber que quizá no te veré jamás me hace querer recordarte más intensamente, me hace arrepentirme porque no observé detalladamente cómo tus manos se balanceaban como al unísono de tu paso, cuán brillantes eran tus ojos o la intensidad de tu perfume y, ahora que intento exprimir cada recuerdo tuyo y veo que no memoricé lo suficiente porque no tuve conciencia de cuánto te necesitaría si no estabas a mi lado, me arrepiento de todo lo que no hice. Sólo espero que nos volvamos a ver otra vez. Sólo espero que me recuerdes como yo a ti. Sólo espero que me recuerdes…si es que alguna vez nuestros caminos se cruzan otra vez.
Lo peor es que también me arrepiento de lo que hice; pues hice tan poco que siento que no merezco recompensa alguna, ni tu regreso. Me arrepiento de haber llamado tan desesperadamente ese momento en el que estuviste a mi lado y, cuando lo tuve conmigo, no lo disfruté como supuse lo haría y, ahora intento llamarte con más desolada desesperación, pero no obtengo respuesta alguna. Sólo la imagen en mi cabeza que cada vez se borra más y más, y el temor de que algún día quiera recurrir a ella y no esté en lo absoluto.
Y ya esto se vuelve una tortura; que todo me recuerde a ti sin saber concisamente qué fue lo que me recordó tus ojos, tu sonrisa o tu voz. O simplemente querer hacerlo por masoquismo o soledad.
Sólo espero que nos volvamos a ver otra vez. Sólo espero que me recuerdes como yo a ti. Sólo espero que me recuerdes…si es que alguna vez nuestros caminos se cruzan otra vez.
Y la maldita rutina me ha golpeado más duro que de costumbre, haciéndome necesitarte más desesperadamente, y con eso voy de forma inevitable al sentimiento vacío de saber que no puedo traerte si no es en mi cabeza y me encierro en ese preciado recuerdo que nunca existió, de nosotros, que me hace dudar de tu existencia. Maldita rutina que, al intentar luchar contra ella me hace recurrir a ti y así, a mi masoquismo, que es acabado sólo con mi conciliación de la conciencia y así entro en un ciclo interminable…que acabaría si regresaras.
Tuesday, May 29, 2007
Subscribe to:
Posts (Atom)